LA LLUVIA AMARILLA

imgLALLUVIAAMRILLA

 

Horarios de funciones:

Jueves, 3 de febrero, a las 20.00 h.  

Viernes, 4 de febrero, a las 20.00h.

Sábado, 5 de febrero, a las 20.00 h.

Domingo, 6 de febrero, a las 19.00 h. 

Duración: 70minutos
Espectáculo recomendado para público adulto

Precios: de 5 a 25 €

Bonificación: Espectáculo bonificado para las funciones de los días 3 y 4 de febrero.

 

 

LA LLUVIA AMARILLA

CORRAL DE GARCÍA

SINOPSIS

La Lluvia Amarilla es una novela de Julio Llamazares publicada en 1988. Se trata de un monólogo del último habitante de un pueblo del Pirineo, Ainielle, durante su última noche en el lugar. Andrés, de Casa Sosas, nos explica su relato desde esa última noche de su vida, desde el momento en el que la muerte le conducirá a la oscuridad eterna, donde se reunirá con su madre y todos sus seres queridos. La historia de Andrés es el transcurrir de una vida y, a su vez, la muerte de una manera de vivir. Tenaz en su convicción, sin perder la fidelidad a las costumbres propias en ningún momento, será el último habitante de su pueblo natal y de la casa que le ha visto nacer. Pero Andrés es acuciado por todos los males imaginables: la soledad, la muerte, la desidia, la enfermedad, el odio, la alucinación, el tiempo… En La Lluvia Amarilla el agreste paisaje de montaña, provoca que el hombre haga balance de su soledad y desamparo en los umbrales de la muerte.

Un lugar, un pueblo deshabitado, Ainielle, es, posiblemente, el personaje principal de este espectáculo. Un personaje mudo, manco y cojo, pero ni sordo, ni ciego, ni insensible. Ainielle existe, está ahí, no lejos de Biescas, en el Pirineo aragonés. Pero ¿puede un pueblo existir si nadie es testigo de su existencia? En cualquier caso, Ainielle estaba allí, a 1.355 metros de altitud; era uno de los lugares poblados más altos del Pirineo pero está deshabitado desde el año 1971 en que su último poblador abandonó el lugar para siempre.

En 1988 apareció la novela de Julio LlamazaresLa Lluvia Amarilla, y tras diecisiete años borrado del mapa, Ainielle se volvió a escribir en las cartas; esta vez en los escritos de los aficionados a la lectura. Julio Llamazares situó la trama de esta novela en este pueblo, y puso rostro a uno de los dramas más sobrecogedores que el territorio español ha sufrido desde la postguerra: la despoblación. Pueblos vacíos, casas en ruinas, tejados derrumbados, bancales conquistados por la maleza, cristales rotos, chimeneas apagadas… Este es el panorama de gran parte del interior de nuestro país. Igual que la maleza se come los muros de piedra de las casas, la ausencia de habitantes, devora la memoria de los lugares. Por otro lado aparecen ciudades cada vez más pobladas, menos humanas…, ciudades sin memoria. Rescatemos primero la memoria de esos pueblos que están a punto de borrarse de los mapas.

La Lluvia Amarilla
Pero, de pronto, hacia las dos o tres de la mañana, un viento suave se abrió paso sobre el río; la ventana y el tejado del molino se llenaron, de repente, de una lluvia compacta y amarilla.
Eran las hojas muertas de los chopos que caían; la lenta y mansa lluvia del otoño que, de nuevo, regresaba a las montañas para cubrir los campos de oro viejo y los caminos y los pueblos de una dulce y brutal melancolía.
Aquella lluvia duró solo unos minutos. Los suficientes, sin embargo, para teñir la noche entera de amarillo y para que, al amanecer, cuando la luz del sol volvió a incendiar las hojas muertas y mis ojos, yo hubiese ya entendido que aquella era la lluvia que oxidaba y destuía, lentamente, otoño tras otoño y día tras día, la cal de las paredes y los viejos calendarios, los bordes de las cartas y de las fotografías, la maquinaria abandonada del molino y de mi corazón.

Los días eran largos, perezosos, y la tristeza y el silencio se abatían como aludes sobre Ainielle. Yo pasaba las horas vagando por las casas, recorría las cuadras y las habitaciones y, a veces, cuando el anochecer se prolongaba mansamente entre los árboles, encendía una hoguera con tablas y papeles y me sentaba en un portal a conversar con los fantasmas de sus antiguos habitantes.
Y ahora que la muerte ronda ya la puerta de este cuarto y el aire va tiñendo, poco a poco, mis ojos de amarillo, incluso me consuela pensar que están ahí, sentados junto al fuego, esperando el momento en que mi sombra se reúna para siempre con las suyas.

La Despoblación
Como arena, el silencio sepultará mis ojos. Como arena que el viento ya no podrá esparcir. Como arena, el silencio sepultará las casas. Como arena, las casas se desmoronarán. Oigo ya sus lamentos. Solitarios. Sombríos. Ahogados por el viento y la vegetación. Caerán poco a poco, sin ningún orden cierto, sin ninguna esperanza, arrastrando en su caída a todas las demás. Unas, irán hundiéndose despacio, muy despacio, bajo el peso del musgo y de la soledad. otras, caerán de bruces en el suelo de repente, violenta y torpemente, como animales abatidos por las balas de un paciente e inexorable cazador. Pero todas, más tarde o más temprano, más tiempo o menos tiempo resistiendo inútilmente, acabarán un día devolviéndole a la tierra lo que siempre fue suyo, lo que siempre ha esperado desde que el primer hombre de Ainielle se lo arrebató.
Y, un día, cuando pasen los años, quizá algún viajero pase junto a las casas sin saber que, una vez, hubo un pueblo a su lado.

El Último Habitante
Cuando la vean -si pasa mucho tiempo, quizá llena de nuevo de ortigas y de agua-, más de uno pensará que, como se decía, Andrés, de Casa Sosas, el último de Ainielle, ciertamente estaba loco. ¿Quién, sino un loco o un condenado sería capaz de cavar su propia tumba instantes antes de morir o de ser ejecutado? Pero yo, Andrés de Casa Sosas, el último de Ainielle, ni estoy loco ni me siento condenado, salvo que sea estar loco haber permanecido fiel hasta la muerte a mi memoria y a mi casa, salvo que pueda realmente considerarme una condena el olvido en el que ellos mismos me han tenido. Se he cavado mi tumba, ha sido simplemente para evitar ser enterrado lejos de mi mujer y de mi hija.

Texto extraído de la novela de Julio Llamazares, La Lluvia Amarilla.

La Lluvia Amarilla, espectáculo de creación, basado en la novela homónima de Julio Llamazares, a partir de una adaptación teatral de Jesús Arbués


REPARTO

Ricardo Joven

Alicia Montesquiu

 

 

EQUIPO ARTÍSTICO

Escenografía e iluminación   Jesús Arbués

Vestuario   Sara Bonet

Espacio sonoro   Nacho Moya

Construcción escenografía   CARPINTERÍA CASTELLAR

Técnico en gira   Sergio Iguacel

Foto cartel   Beatriz López

Diseño gráfico   IGLOO CREATIVO

Distribución   Pilar Royo (Viridiana Centro de Producción Teatral)

Administración   Lumi Jiménez

Producción   Mónica Macías

 

DIRECCIÓN

Jesús Arbués

 

La Lluvia Amarilla, es una producción de CORRAL DE GARCÍA. Centro de Creación Artística

 

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on whatsapp
WhatsApp

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

Publicar comentario

2022 enero

Semana 5

Lun 27
Mar 28
Mié 29
Jue 30
Vie 31
Sáb 1
Dom 2
Lun 3
Mar 4
Mié 5
Jue 6
Vie 7
Sáb 8
Dom 9
Lun 10
Mar 11
Mié 12
Jue 13
Vie 14
Sáb 15
Dom 16
Lun 17
Mar 18
Mié 19
Jue 20
Vie 21
Sáb 22
Dom 23
Lun 24
Mar 25
Mié 26
Jue 27
Vie 28
Sáb 29
Dom 30
Lun 31
Mar 1
Mié 2
Jue 3
Vie 4
Sáb 5
Dom 6